Editorial

(c) Diseño de portada - Paula Pappalardo



Número 153


QUERIDOS PASAJEROS:

El otoño despliega maravillas policromáticas por estos rumbos. Y mientras la Naturaleza se dispone a replegarse entre el frío y el silencio. Pero renacerá  con nuevas fuerzas en la primavera, mientras nosotros seguimos en este camino de letras sin desmayos ni descansos. Los tiempos de agitaciones y discordias parecen ocultar los buenos rumbos, las acciones generosas, el devenir de tanta gente que, día a día, construye la esperanza y el amor. Por eso nosotros, los escritores, debemos seguir dando testimonio, mostrando al mundo que la luz prevalecerá sobre las sombras. Y partimos …

Mientras la locomotora se apresta para el viaje esta maquinista sube con su obra. Un modesto cuentito para despertar alguna sonrisa, no es otra la intención. Mis datos biográficos los tienen a la derecha de la página, por tanto los omito.


EL AMANTE INMORTAL

         Gracias a la pasión, equitativamente repartida, que su madre, profesaba a Shakespeare y a la ópera, Sigfrido Hamlet Pizzitelli debió cargar toda su vida con el estigma de llevar esos nombres terribles. Durante la niñez y la adolescencia, ante la imposibilidad de pronunciarlo, o bien por pura maldad infantil,  soportó de sus compañeros diferentes motes y apodos: alusivos a su físico unos (flaco, narizota, cabezón, petiso), y claramente denigrantes e hirientes otros (rata, huevón, percha). Solo un apelativo fue cariñoso :"Sigi", pronunciado por los amorosos labios maternales de Marga mientras veía crecer a su pichoncito.
         El pichón necesitó años para abandonar el nido. Debe achacarse esta independencia tardía no a un problema de maduración psicológica sino al hecho prosaico de que, siendo hijo único de una madre que había enviudado cuando él tenía tres años, le resultaba comodísimo tener techo, comida y servicio doméstico por poco precio. Mejor dicho gratis.
         También era verdad que no tenía donde caerse muerto, ya que la vocación elegida, la música, no le rendía muchos frutos. Quizá porque el empeño y el entusiasmo que volcaba en la ejecución de su violín no podían suplir al talento, que era escaso.
         Sin que Sigfrido lo adivinase, el Destino había dado vuelta la taba y no resultó entonces extraño que Marta se cruzase en su camino. En realidad lo cruzaba desde hacía quince años, fecha en que, niña aún, sus padres se habían instalado en la casa vecina. El la vio desarrollarse, crecer, transformarse de adolescente esmirriada en joven opulenta, con unos pechos que habría envidiado Rubens para su paleta y unas curvas que daban ganas de deslizarse por ellas para experimentar el vértigo y la emoción. Sin embargo, la cortedad y timidez de Sigi no habían podido pasar del ceremonioso "buenos días" o "buenas tardes", cada vez que las circunstancias permitían que sus pasos coincidieran en la vereda.
         Cuando cumplió veinte años, Marta comenzó una sutil pero tenaz campaña para obtener de Sigi algo más que un saludito formal. Nadie en el vecindario supo nunca que le había visto la muchacha, y sus padres se consolaron pensando que el amor es ciego, y que el corazón tiene razones que la razón no comprende. Sus esfuerzos se vieron recompensados y al cabo de un año todo el barrio supo que estaban noviando.
         La damisela tenía no sólo un físico descomunal sino una fuerza de carácter que alcanzaba y sobraba para los dos. Ella fue quien convenció a su novio de solicitar una plaza en la Banda Municipal, quien le consiguió alumnos particulares, quien lo alentó a componer su primer vals. Lenta pero implacablemente lo ayudó a destetarse de una madre absorbente que veía desmoronarse el dominio absoluto que hasta entonces ejerciera sobre su bebé.
         Los años pasaban y Marta comenzaba a pensar que Sigfrido nunca la llevaría al tálamo nupcial. La formación recibida en su hogar le impedía mostrar abiertamente el fuego que la consumía y el pobre novio, recatado y pacato, huérfano de experiencias esclarecedoras, no conseguía trasponer la barrera de los besos y de las tímidas caricias. Un par de meses antes de festejar su cumpleaños número treinta, la muchacha decidió que era llegado el momento de acelerar las cosas, si es que pretendía llegar a mujer casada y madre. Una noche en que Sigi parecía haber tomado ímpetu y audazmente había depositado la mano sobre uno de los pechos de su novia, Marta pronunció la frase decisiva:
         - Mi amor, o nos casamos el mes próximo o te abandono para siempre.
         La mano pareció tomar vuelo propio estrujando el seno sobre el que reposaba y su dueño, oscilando entre el pánico y la desesperación necesitó unos minutos para sacar un hilo de voz de su pecho enclenque y pronunciar el "si" definitorio.
         La noche de bodas culminó en llanto. No precisamente femenino. El pobre desposado expresaba así su frustración al comprobar que la teoría absorbida de un par de libros resultaba insuficiente a la hora de los hechos. Las palabras de Marta, quien lo acunaba en su regazo, consiguieron finalmente calmar su desazón. Y ella supo que, a falta de experiencia masculina debería recurrir a su imaginación, su ardor, y lo comentado en charlas de amigas ya casadas. Resultó una excelente maestra con un alumno tan ávido de aprender y experimentar que, al poco tiempo, ya la superaba. No fue raro entonces que ambos florecieran, literalmente, ante los ojos asombrados de vecinos y amigos.
         Sigfrido descubrió que tantos años de carencias podían recuperarse, y junto a una compañera más que dispuesta no hubo horario ni rincón de la casa que no supiera de sus desenfrenados encuentros amorosos. La nutrida práctica amatoria fructificó en seis pequeñas réplicas: cinco varoncitos y una nena, la mimada y regalona de la familia.
         Para alimentar tantas bocas no alcanzaban los desvelos musicales de Sigi, por lo que Marta apeló a su diploma de corte y confección y pronto se convirtió en una solicitada modista. Era excelente en su trabajo, tenía siempre una sonrisa a flor de labios y su alegría de vivir contagiaba también a las clientas, incluso las más amargas. Varias quisieron conocer cual era la receta mágica para tanta felicidad, pero ninguna obtuvo respuesta. Sólo sus dos amigas de la infancia, Alicia y Celina, sabían que la pareja, pese a los años transcurridos, continuaba con una actividad erótica constante y volcánica, que aumentaba en lugar de decrecer. Desde la perspectiva de sus respectivos matrimonios, rutinarios y aburridos, la envidiaban profunda y amistosamente.
         La experiencia acumulada y la ejercitación constante (atento a que el talento seguía brillando por su ausencia) habían derivado en una nutrida producción musical que le había granjeado a Sigfrido el reconocimiento de la Intendencia por su tesonera labor. Cuando el viejo Director se jubiló, fue natural su designación para dirigir la Banda Municipal.
         Los hijos crecieron y formaron sus propios hogares. Marta abandonó su labor de modista y, devenida abuela, se dedicó a malcriar a los nietos. La casa había vuelto a pertenecerles por completo, y hubo varias vecinas que, camino al mercado, escucharon sorprendidas ruidos de carreras, golpes de objetos al volcarse, carcajadas y gritos sofocados. Una se persignó, otra pensó en ritos extraños consumados detrás de los visillos, y las más sintieron la punzada ácida de los celos mientras intentaban exhumar de su arcón de memorias algún momento similar acontecido en sus vidas.

         Llegó para Sigfrido el momento de gozar del merecido retiro, Las excentricidades que había ido desarrollando con el correr de los años parecieron acentuarse, pero eran tan inofensivas que su esposa las toleraba con una sonrisa cómplice. Todas las tardes, el músico sacaba su sillita de mimbre a la vereda y poniendo su mejor cara de anciano desvalido solicitaba a los transeúntes:
         - Un cigarro para este pobre abuelito  ... Por favor ....
         Pocos eran los que tenían el coraje de negarse a la súplica y así, cuando se aburría de ver pasar el mundo por su calle, entraba a la casa y desparramaba sobre la mesa una numerosa y variada colección de cigarrillos que extraía de todos los bolsillos de su indumentaria. Marta reía a carcajadas y repetía, cada día, la misma frase:
         - Pero Sigi, ¡si vos no fumás ...!- y procedía a guardar el botín en una caja adonde sus hijos recurrían en momentos de apuro.
         El hacía una mueca pícara y retrucaba:
         - Así les evito que se mueran jóvenes ...- y con voz suplicante añadía:
         - Vení Martita, haceme unos mimos ... Estás linda como para comerte ...- y de allí a la cama solo mediaba un paso.
         Una tarde de julio, fría y ventosa, mientras se besaban en el sillón, ella atinó a susurrar:
         - Sigi ... siento un dolor en el pecho ...- y un ataque cardíaco la fulminó entre los brazos de su marido.
         El mundo se desplomó y la tierra temblaba bajo los pies del anciano. ¿Cómo era posible que ella lo abandonase así?. Un espasmo de dolor le laceró las entrañas y derrumbado sobre el sillón lloró sin consuelo.
         Luego del sepelio vanos fueron los intentos de sus hijos para que cerrase la casa y se mudase con alguno de ellos. Sigfrido no estaba dispuesto a abandonar el hogar donde había conocido el amor y la dicha durante treinta y cinco años. Y así, en soledad, con la única compañía de su gato Radamés, dejó transcurrir los días mientras su salud se deterioraba irremisiblemente y la artrosis endurecía sus huesos.
         Cuando cumplió los ochenta estaba claro para los hijos que debía tomarse una decisión drástica. Su estado físico requería una atención profesional constante por lo que, luego de largas discusiones, y con gran pena, acordaron internarlo en un instituto geriátrico.
         No fue fácil, ya que si bien su cuerpo no respondía como antes, su mente seguía lúcida y alerta. Pero la familia se mantuvo firme y hubo de aceptar su destino.

         Sigi tuvo que reconocer que, después de todo, el instituto no era tan malo. La comida era sabrosa, los médicos se ocupaban de sus achaques, los ayudantes estaban siempre a mano cuando los necesitaba, podía distraer sus ocios intentando sacar alguna melodía de su viejo violín y si el tiempo estaba soleado, el jardín era un buen refugio para observar el ir y venir de las enfermeras.
         ¡Las enfermeras! ... Parecía inconcebible que tantas mujeres atractivas hubieran decidido dedicar su vida a cuidar de ancianos como él. ¿Acaso el director del geriátrico las seleccionaba por sus cualidades físicas más que por las profesionales? No conocía la respuesta, pero sí sabía que su cuerpo, enfermo y viejo, mudo desde la muerte de Marta, hacía sentir nuevamente sus reclamos y urgencias. Conservaba en su poder un costoso anillo de oro que su esposa le regalara para un aniversario de casados. ¿Sería útil...?.
         Domingo tras domingo, cuando llegaba alguno de los hijos, o quizá una de sus nietas, se repetía invariable la misma ceremonia. El director del instituto, con gesto adusto y ceño fruncido, retornaba al visitante el bendito anillo, y cuando Sigfrido lo recibía de vuelta decía esperanzado:
         -¡Otra vez será...!- y una sonrisa traviesa cubría su cara e iluminaba sus ojos celestes.

         Se durmió tranquilamente una noche para no despertar más. Su familia no pudo retirar de su mano, cerrada como una garra, el anillo y la foto de Marta, y hubieron de enterrarlo con su tesoro.


El trencito emprendió la marcha para dirigirse a la vecina provincia de Río Negro. Allí aguardaba un frecuente viajero: JORGE CASTAÑEDA. Poeta, escritor y periodista nacido de padres rionegrinos en la ciudad de Bahía Blanca y radicado en VALCHETA (prov. de RÍO NEGRO). Tiene publicados numerosos libros entre ellos: “La ciudad y otros poemas”, “Poemas breves”, “30 poemas”, “Poemas sureños”, “Sentir patagónico”, “Los atabales del tiempo”, “Valcheta, un pueblo con historia”,“Suma Patagónica”, “Raíces de piquillín”. Ha participado en varias antologías. Es conferencista sobre temas patagónicos. Miembro de la Sociedad Argentina de Escritores y de asociaciones y entidades culturales de Argentina, España, Francia, Italia, Suiza, México, Colombia, Estados Unidos, Brasil, Chile. Es entre otras distinciones Ciudadano Ilustre de Río Negro, Cónsul de Poetas del Mundo y Embajador Universal de la Paz (UNESCO). Traigo hoy sus poemas, claros y emotivos, que reflejan su paisaje patagónico.



LA LLUVIA

Ya perfuma la pichana
Aromando el corazón
Olor a tierra mojada
Preludio de un chaparrón.

Las nubes un carrusel
La estepa se hace canción
El cielo está por llover
Así lo espera  el coirón.

Una brisa ya creciente
Se quiere hacer ventarrón
Se despeina en los pedreros
Se apura en el cañadón.

El paisano ya lo sabe
La lluvia trae bendición
Adiós a los años malos
Habrá buena parición.

Ya la lluvia se desata
Con sus rachas de frescor
Golpea en los pedregales
Y en el techo del galpón.

Persiste como porfiando
Es de buena condición
Por los años de sequía
Anda pidiendo perdón.

Oportuna y bienvenida
Ha de mojar el vellón
De las blancas ovejitas
Que esperan su bendición.


FLORCITAS DEL CAMPO

Florcitas del campo ¡qué bellas!
Lucen pequeñas
Cada primavera.

Al sol reverbera
Su colorida
Vestimenta
Y seguro que algo hablan
Entre ellas.

Florcitas del campo ¡qué bellas!
Adornan placenteras
La estepa.

La vida expresan
Que se renueva
Y son de las plantas
Las estrellas.
Y si algo me cuentan
Guardo reserva
Porque son lindas
Y son bellas.

Florcitas del campo ¡qué bellas!
Con la primavera
También mi alma
Se despierta
Como ellas
Y el amor
Se renueva
Sobre la tierra.

Florcitas del campo ¡qué bellas!


CUANDO EL SOL DEL OTOÑO

“Cuando el sol del otoño entibie el aire/ como pájaros dormidos/ iré llevando mi sombra.  Se caerán de las ramas de los árboles/ vistiéndose de amarillo/ ocre, las últimas hojas.  Andaré los senderos de la tarde/ taciturno y pensativo. / Levantaré algunas hojas.  Seré un poco de todos y de nadie. / Un viandante. Un pabilo/ para consumir las horas.  Un pájaro que las alas rebate/ buscando el calor del nido/ sin agobios ni congojas.  Cuando el sol del otoño entibie el aire/ desandaré mi camino/ conversando con mis cosas.  Habrá una lasitud casi agradable/ como quedarse dormido/ sin reproches ni demoras.  Cuando el sol del otoño entibie la tarde/ volveré a sentirme niño. / ¿Puedo pedir otra cosa?”

Nos despedimos de los rionegrinos y esta vez el rumbo fue hacia el norte, pues en los pagos puntanos aguardaba otro amigo: JERÓNIMO CASTILLO. Nació en Luján de Cuyo (Mendoza) el 30 de septiembre de 1943. Hijo único, a los once años vino a SAN LUIS donde reside. Estudió en el Colegio “Don Bosco” hasta tercero y luego culminó en la nocturna del ex Colegio Nacional, hoy “Juan Crisóstomo Lafinur”. Influido por los salesianos, Castillo estrofa su música interior desde la adolescencia y a los 30 publicó su primer libro. Desde entonces alumbró 18 más. Su última obra editada este año se llama “Pensador furtivo” y contiene sonetos. Muchas de sus publicaciones están también en formato digital. Padre de tres hijos, casado con Clelia hace 48 años, y jubilado, el escritor acaba de recibirse en el 2017 de Abogado, en la Universidad Nacional de San Luis, sede Villa Mercedes. Ha sido además compilador, columnista, colaborador, conductor radial y jurado literario. Escribió para revistas de Chile, Perú, Estados Unidos, Venezuela, Cuba, entre otros países. Aparte de trabajar en tres bancos y, durante 22 años, en diferentes áreas del Gobierno puntano, Castillo fue administrativo de una bodega vitivinícola, camionero, y su primer pago lo recibió como peón de pico y pala en una empresa vial. Permanentemente publica en revistas virtuales de España, del sur de Estados Unidos, México, Venezuela, la costa del Pacífico y de Argentina, por supuesto. Libros Publicados "PÓRTICO" (Sonetos) 1975, Ediciones Subcomisión de Cultura del Club del Personal del Banco de Mendoza. "TESTIMONIO AMERICANO" (Sonetos) 1989, Edición del Ministerio de Hacienda y Obras Públicas de San Luis. "MINOTAURO" (Poesías) Edición del I.C.C.E.D.- Diario de la República, San Luis 1994. "CORAZÓN DE PUMA" (Poesías) Editorial PAYNE S.A, San Luis 1997. “ANTOLOGÍA POÉTICA DE SAN LUIS”, Tomo I, Ediciones ICCED, San Luis1993. “ANTOLOGÍA POÉTICA DE SAN LUIS”, Tomo II, Ediciones ICCED, San Luis 1994. "RÍO QUINTO - Problemática y Soluciones" (histórico-documental - co-autor con Carlos J.A. Sergnese) 2000. Edición Gobierno de la Provincia de San Luis. “VECINDAD CERRIL” (Poesías) 2001 Edición Gráfica Pellegrino, San Luis 2001. “HORCÓN” (Poesías) 2001 Edición del autor. “LEÍ TU LIBRO” (Comentarios bibliográficos) Ediciones “El Biguá”, San Luis, 2003. “ANTOLOGÍA DEL AMOR”, Ediciones “El Biguá”, San Luis 2004. “ANTOLOGÍA DEL VINO”, Ediciones “El Biguá”, San Luis 2004. “ANTOLOGÍA HOMENAJE AL XV ENCUENTRO DEL MUNDO DE LA CULTURA – la Serena, Coquimbo, Chile, 25 al 30 de octubre de 2010 – Sociedad de Escritores de Chile, Filial Gabriela Mistral” Coautoría con Roselvira Soda, Ediciones El Biguá”, San Luis, 2011. “FINAL DE SINFONÍA”, (Cuentos) Ediciones “El Biguá”, San Luis, 2012. Otras publicaciones: "EN BUSCA DE LA INTEGRACION AMERICANA" (ensayo) 1995 Adhesión a la Reunión Cumbre de Presidentes del Mercosur. Antologías donde fue incluido: "POESIAS"Antología por concurso, 1979, Comuna de Tupungato, Mendoza. "26 SONETOS - PLAZA DE LOS POETAS - JOSE PEDRONI", Antología por concurso, 1980,  Comuna de Acebal, Santa Fe. "EL SONETO HISPANOAMERICANO" Ediciones del Fondo Editorial Bonaerense - La Plata, 1984. "LIBRO ANTOLÓGICO DE LA POESÍA ARGENTINA" Selección de Editorial CLAVE, en 1985. "CÍRCULO DE LOS POETAS LUNFARDOS", Publicación del VII Certamen Poético Rioplatense e II Hispanoamericano, 1991. “ESTE CANTO ES AMÉRICA”La Rioja, 1993. “PRESENCIA DE BOLÍVAR EN LA POESÍA, Caracas, Venezuela, 2003, con “Soneto de Simón Bolívar”. EL VINO CÓSMICO,  Ediciones Frente de Afirmación Hispanista, A.C. – México 2003. ANTOLOGÍA DE SONETOS DEDICADOS AL QUIJOTE – NORTE – Revista Hispano-Americana. Cuarta Época N° 447/448 – México – 2005 “EL VINO”, Río Negro, Argentina. 2005 con “Cata del Vino Nuevo y Anochecer Poético”. “PENSAMIENTOS LITERARIOS PARA LA PAZ, Primera Antología Nacional e Internacional para la Paz, Edición IFLAC-PAZIFLAC, Foro Internacional para una literatura y una cultura de la paz en Argentina y Sudamérica, Villa Carlos Paz, Córdoba, Argentina, 2011. Nos trae hoy sonetos, género que, personalmente, me gusta mucho y espero que los disfruten tanto como yo.



               INDECISIÓN

En esta somnolencia no consigo
que tu visita en sueños se repita,
y esté corporizada la visita
diciéndote el anhelo que persigo.

Quiero contarte tanto y no te digo
nada más que una parte de mi cuita,
sin que el valor me asista y me permita
pedirte que el camino sea contigo.

Han saltado las lágrimas impuras
recorriendo los surcos de mi cara
con ancestral temor por ataduras.

El tiempo que transcurre torna clara
la imagen que se pierde en las alturas,
y sepulta el amor que no declara.


                   ARROYO

Nacido de un surgente entre las peñas
hacia el destino de la mar camina
por entre juncos que a mover se anima
con las suaves cadencias lugareñas.

Éstas que son originarias señas
de oculto manantial en serpentina,
le brindan diariamente su rutina
cuando avanza entre piedras y entre breñas.

Cantarino su paso de la altura
va, de a poco, adquiriendo mansedumbre
al trazar los meandros de llanura.

Ya no exhibe la fuerza de la cumbre
mientras forma su delta con natura,
para darse a la mar, como es costumbre.


         MÁRMOL DOLOROSO

El Gólgota que tiene nuestra Villa
nos muestra ese camino doloroso
que hubo, sin duda, recorrer, penoso,
el Cristo con su túnica sencilla.

Lastimado se muestra en la rodilla
el mármol que admiramos por lo hermoso,
y más que su mensaje religioso,
honramos del buril la maravilla.

El amor de la entrega de su mano
se presenta normal a la mirada,
ignorando el dolor del Soberano.

Carrara dio la luz en la jornada
al dar este Calvario casi humano,
que vemos de esta Villa en la Quebrada.

                                              
      LOS POEMAS DE AMOR

Los poemas de amor, son los poemas
que ayudan a vivir, porque permiten
crear un corazón, aunque palpiten
en el nuestro con todos sus emblemas.

Sus latidos serán aquellas gemas
tornadas en palabras, si se admiten
que esos sus cantos dentro nuestro agiten
certezas que tenemos por dilemas.

Y con la voz poética y sonora
donde habita el sublime sentimiento,
rendimos homenaje de hora en hora,

porque nos empapamos del aliento
idílico que el verbo allí atesora,
por amor que sentimos y que siento.



La maquinista compartió unos mates con los amigos y la locomotora se llegó hasta el aeropuerto más cercano para subirse al avión. Que en las bellas tierras colombianas nos aguardaba una nueva pasajera: YESSIKA MARÍA RENGIFO CASTILLO. Escritora nacida en BOGOTÁ (COLOMBIA) ciudad donde reside. Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo, y Magister en Infancia y Cultura de la Universidad Distrital Francisco José De Caldas,  Bogotá, Colombia. Desde niña ha sido una apasionada por los procesos de lecto-escritura, ha publicado para las revistas Infancias Imágenes, Plumilla Educativa, Interamericana De Investigación, Educación, Pedagogía, Escribanía, Proyecto Sherezade, Monolito, Perígrafo, Sueños de Papel, Sombra del Aire, Plumilla y Tintero, Chubasco en Primavera, Íkaro, Grifo, La Poesía Alcanza Para Todos, Ibidem, Narratorio, Piedra Papel & Tijeras,  Extrañas Noches, Cadejo, Microscopías, Psicoactiva, Ágora, Con voz  Propia, Un Mar de Letras, Cheshire, Luke, Revolución. Net, Venga Le Cuento, Carcaj, Nudo Giordiano, Contrapunto, El futuro del ayer, hoy, Fundación Cesar Egidio Serrano, Acceso Didasko, Letrambulario, etc. Ha participado en diferentes concursos nacionales e internacionales, de cuentos y poesías. Autora del poemario: Palabras en la distancia (2015),  y los libros  El silencio y otras historias, y Luciana y algo más que contar (en el librototal.com). Ganadora del  I Concurso  Internacional Literario de Minipoemas Recuerda, 2017 con la obra: No te recuerdo, Amanda. Nos trae hoy un relato breve, pleno de emoción.

LA PRIMERA NOCHE
                                                   A Nacho, mi músico favorito                                                                             

Hace tres años y medio, venían  hablando de  sus vidas y el mundo, que atormentaba sus inquietantes corazones. Y en una de esas noches, ella le confesaría; que había aprendido amarlo como aquel primer amor que tuvo años atrás.  No sabía en qué momento nació ese sentimiento, y no deseaba vivir sin él, que llenaba sus días de colores. Ante aquella confesión, ese hombre se quedó enmudecido casi toda la noche, rompiendo el silencio en la madrugada. Le confeso, que también la quería aunque su vida estuviese llena de tormentas, y taciturnos días, que sería incapaz de condenarla a vivir a su lado.
Ella que había permanecido en silencio ante esa confesión, le recordó que su amor era más fuerte que los obstáculos del camino. En verdad lo amaba tanto, que estaba dispuesta a renunciar a una vida de académicos, y pequeños lujos, que la alejaban de él. Ese rockero que con canciones de los Babasónicos, la Renga, y el Indio Solari, despertaba los más puros sentimientos que creyó haber perdido con la muerte de Esteban. El  argentino más dulce que había conocido, y con el que varias veces proyectó el sueño de ser madre, de una vejez, y de una vida juntos. Todo ese sueño se rompió esa mañana, que ese imprudente conductor cerró sus ojos, y la sumió en una profundad tristeza.
Tristeza que culminó con la presencia del rockero, que la llenaba de vida  y tanto amor.  Ese que se manifestó esa madrugada, que después de aquella confesión la lleno de algunos besos dulces, y otros apasionados. Desabrochó su blusa celeste, y descubrió que sus pechos no eran los de una modelo de pasarela, pero si los más hermosos que había besado.  Su vientre era de seda, que su boca danzó una  y otra vez, sobre el.  Era la primera vez, que por su memoria pasaba la posibilidad que unas semillas del amor vivieran en el.  Unos chiquillos que alegrarían sus días, entre melodías  y sol.  Y ante aquel pensamiento,  ella abriría sus piernas como alas de mariposa al viento, que juegan con las estrellas.  Recibiendo ese chupaflor que se  anidaba en ese monte de Venus, que estaba en pleno invierno de la pasión.
Ante  unos cuerpos que se  bañaron en sudor, y no deseaban soltarse, ella había sido su mujer.  La mujer quería acompañarlo por el resto de su vida,  sin importar los días de invierno, y verano, lo amaba y eso era suficiente. La primera noche, era el inicio de una vida juntos entre arcoiris e inviernos, que habían decidido caminar  bajo el compás de la luna.   

¿Cómo no tomarse unos cafecitos? Y alguna delicia dulce … claro … Pues ya el trencito debía emprender el retorno al pago pampa. Y aquí los espero, con sus poemas y sus cuentos (más una minibiografia o actualización de la misma). ¡¡Dediquen un ratito y hagan sus envíos!!
El E Mail: letrasenelanden@gmail.com
Hasta entonces un abrazo
CRIS FERNÁNDEZ