Editorial

(c) Diseño de portada - Paula Pappalardo



Número 159


¡¡PASAJEROS AL TREN….!!!!!!!!!!!!!!!

Pues el frío invernal no detiene su marcha. Ni la pandemia le impide acercarse a los amigos (siempre con mascarilla virtual …) En estos tiempos de desolación necesitamos más que nunca entibiar el alma, recuperar la sonrisa, predicar la esperanza. No bajemos los brazos ni dejemos que el pesimismo aliente en nuestro corazón.
Por eso … ¡partimos!

La locomotora ronroneó un poco y emprendió la marcha hacia los pagos santiagueños, para recibir a un nuevo pasajero: JUAN MANUEL ARAGÓN. Nació en 1959 en  San Miguel de Tucumán. Vive en la ciudad de SANTIAGO DEL ESTERO, es periodista ´free lance´ y reportero gráfico, actualmente confinado por pandemia. Tiene 60 años, una  mujer, Marcela, dos hijos, María Celia y Juan Manuel. Cuatro libros publicados “Platita” y “De última” (en tres tomos). Participó en antologías y en concursos de cuentos, con suerte diversa. Hoy nos deja dos relatos plenos de emoción y nostalgia.


UN ARO DE BICICLETA Y UN FIERRITO PARA EMPUJARLO ERAN SUFICIENTES


Mi tata me regaló un aro de rueda de bicicleta y un fierrito doblado en la punta para empujarlo. Se lo había visto a algunos amigos y me parecía un aparato lujoso. Y un buen día, ahí estaba, yendo de un lado para el otro, llevándolo para todas partes como si hubiera tenido un pony. Después heredé su bicicleta de carrera, pero mucho tiempo anduve pasando los pies por debajo del caño, porque no llegaba a los pedales. El hecho de que fuera inmensa, rodado 28, y tuviera algo de herrumbre no mermaba mi alegría por tener una que usaban los grandes.
A la siesta en el campo jugábamos con soldaditos. Una felicidad vea. A veces estaba tan lindo, que nos daba pena dejar de andar en esos caballos fabulosos, por aquellas montañas, haciendo grandes hazañas: pero los grandes se levantaban y debíamos levantar campamento.
Para qué le voy a contar lo que eran a las escondidas en la casa de los abuelos, llena de recovecos, cañas huecas, paraísos. De grande, cuando mis primos chicos jugaban, siempre me prendía. Era un deber enseñarles los trucos de aquella diversión, a saber: a) nunca esconderse lejos de la piedra y b) no perder de vista al que la contaba para calcular bien la disparada salvadora.
Las noches de invierno jugábamos a la loba con mi mamá y mi abuela. La vieja nunca se iba descartando como el resto, esperaba tener los juegos armados para recién bajarlos y ganarnos. A veces le hacíamos burla porque si ganaba otro, acumulaba de golpe, un montón de puntos en contra. No lo hacíamos ni por un caramelo, sino para no irnos a dormir a las 9 de la noche.
En las fiestas, los chicos teníamos una mesa aparte y comíamos antes, ¡qué maravilla!, para seguir jugando. Nos habríamos molestado si nos hubieran entreverado con los grandes, obligados a oir sus conversaciones, estar callados, tener compostura.
Pero luego la vida cambió.
El teléfono era negro y mis abuelos tenían el 15945, en Tucumán, antes de que le agregaran los otros números. Estaba en una repisa y debajo de él había una guía. Los chicos deseábamos, sueño inalcanzable, un karting a motor, un equipo completo de nuestro equipo de fútbol, una ametralladora de plástico con lucecitas. Pero, ¿un teléfono?, ¿para qué, diga?
Lo mejor eran los cumpleaños: un montón de chicos jugando a la pilladita, sudados y felices. Las madres servían la torta al principio porque después, en medio de los juegos, nadie iba a posar para la foto. ¿Un payaso en un cumpleaños, dice?, ¿un mago?, ¿un castillo inflable? ¿Por qué íbamos a estar quietos, justamente en una fiesta?
El mundo era de los grandes, los chicos éramos un apéndice para reírse un rato con sus gracias. Y luego tu madre decía: “Rajen de aquí, ¿no ven que estoy ocupado conversando con la tía Mabel?”.
A veces pienso en el aro aquel. Y me digo qué bueno sería regalarle uno a mi chango. Y que lo aprecie, se canse de correr por detrás, imaginándose que es camioneromaquinista del tren.
Piloto de avión
Astronauta camino a la Luna.
Pero la vida no es solamente la vida. Es también lo que hicimos con los chicos, abandonándolos en manos de la televisión, los celulares, las niñeras, el jardín de infantes, para ir detrás del aire acondicionado, el auto último modelo, los pantalones a la moda, el celular de Corea.
Cuando llega la vejez, un día te acuerdas de aquello y redactas una crónica. Luego le pones punto final al escrito.
Y debajo de todo lo firmas.


UN ÁNGEL NEGRO PARA EL ÚLTIMO VINO TINTO


Muy de noche, cuando las estrellas son un recuerdo acompasado entre la respiración de mi mujer y el reloj de la Casa de Gobierno, me suele chistar desde el patio algo como un silbido, un “vení, vení”. Nunca le hago caso, suelo quedarme mirando entre la penumbra, el ventilador en el techo, que da vueltas tirando un aire caliente, pesado, gomoso. Antes, cuando fumaba, quizás habría encendido un cigarrillo para aguaitar despierto y averiguar si al rato me sigue llamando o se calla y se va para otra parte. Pero me duermo de nuevo con una angustia en el corazón, una  tenaza que me acogota en las pesadillas posteriores.
A veces quisiera conocerlo, saber cómo es, mirarlo de frente y preguntarle qué quiere o, en todo caso, por qué me persigue, por qué no se va de una buena vez y me deja en paz, qué le he hecho. Por el momento permanece en la  categoría de chamuscada luz, sombra de una sombra de las tres y media de la mañana, cuando por la Absalón Rojas suelen merodear los espantos del pasado, dando vueltas en remolinos de recuerdos agridulces, haciendo asustar a los que regresan de la fiesta en otro barrio, en otros brazos, en un mundo distante, a recuperar el amor que dejaron en la casa por andar tunanteando por ahí.
Me quedo quieto, tratando de no moverme, esperando que se vaya o se calle, midiendo el tiempo que queda hasta que me despierte definitivamente en la mañana, olvidado del horror de las tinieblas. Lo volveré a recordar la noche siguiente, cuando por la ventana vuelva a silbarme en un ruego que no descansa: “Vení, vení”. Tengo miedo de contar lo que me sucede, me dirán que me levante a ver qué es, que venza el temor por lo desconocido y finalmente descubra qué es ese recelo que me acecha en las altas tinieblas de la profunda noche.
La vez pasada quizás pisó una ramita, rozó una pared, no sé, entonces sentí como una presencia real, más allá del chistido y sus evoluciones. La oscuridad estaba agazapada debajo de la negra noche sin luna, dando vueltas por el patio, como yendo del lavadero a la parra del fondo y volviendo a observarme desde la abierta ventana del dormitorio con sus ojos de carbón. Quedé petrificado esperando que se revelara, que dijera qué se le ha perdido que anda en una búsqueda tan constante. Pero nada dijo. Ni una palabra, ni una señal, sólo silencio en medio de mi soledad.
Tengo que apartarlo de cualquier manera. Mi casa no debería ser reducto obligado de espectros de apariciones que no han sucedido. Voy terminando el vaso de vino tinto, una de estas noches, cuando me halle descuidado, tirará de la cuerda de la vida y apagará mi corazón para siempre. Entonces, este ángel negro de mis pesadillas más atroces, quizás saldrá volando por el cielo del barrio Alberdi, a la misma hora en que el reloj de la Casa de Gobierno le avise al general San Martín, que son las tres y media de la madrugada.
Y que me he ido para siempre.


Nos despedimos de los amigos y amigas santiagueños y el trencito rumbeó para Córdoba, que allí nos aguardaba otra nueva pasajera: HILDA AUGUSTA SCHIAVONI. Reside en INRIVILLE (Prov. de CÓRDOBA). Prof. de latín Literatura y Castellano, Doctorada Honoris Causa en Portugal y EEUU, publicó 15 Libros y más de un centenar de antologías en EEUU, Italia Brasil, Colombia, Chile, Uruguay y Argentina e India. Recibió más de 80 premios literarios desde, Japón, España, Panamá, Uruguay, Perú, Italia, Brasil, Guatemala… Sus poemas fueron traducidos al italiano, francés, inglés, portugués, árabe y griego. Es miembro de instituciones literarias de EEUU, Italia… Delegada Cultural de Uniletras, Colombia, recibió reconocimientos a nivel nacional y latinoamericano por su trayectoria cultural, Cónsul Honoraria del Parlamento de escritores de Colombia, pertenece al grupo Poetas del Mundo, a Mil Milenios para la Paz, a la Organización Mundial para la Paz, cofundadora del Círculo Internacional de narradores y poetas del MERCOSUR y premiada por la Federación Mundial por la Paz. Recibió el Lauro de oro desde Colombia. Disfrutemos de sus poemas claros e intensos, que inducen a reflexionar.



ADELANTE

Levanta la frente
y mira la vida.          
Recubre la mente
con una fortaleza de piedra
y deja
el corazón palpitante
dentro de la corriente efervescente.
Todo toma la dimensión
del canto del grillo
o de los anillos
de la semilla de alfalfa
fruto-aroma-color.
Todo pasa por
círculos concéntricos
que se diluyen
para dar lugar
a otras ondas.
Todos labramos
nuestra propia estatua,
de arena, de greda, de sal
o del Ser Intermitente
que mira más allá del mar,
mientras el azul grandioso
modela la luz en perfume,
en abono,
en fuerza vital.
Nada, jamás,
entorpecerá
tu destino inmortal.
Levanta la frente
ante los siglos que esperan.
Camina recta
y nadie impedirá
que llegues al final.



POEMA AZUL

Círculos de luz
que descienden,
me rodean, me abrazan
y me elevan.
Una plenitud de esencia
que ilumina y recrea,
lentamente,
me da su fosforescencia.
¡Oh, potente faro
que recorre mi existencia,
nada por el torrente
de mis lágrimas añejas,
cosquillea en la piel,
deja un sabor a glicinas
entremezclado con abejas
y vibra,
temblando en la médula!
¡Oh radar!,
luminosidad concéntrica
que me atrapa,
titila en un torbellino
y sobre una gota iridiscente
entrega su soplo mágico,
polvo de luciérnagas,
para que pueda buscar
los soles trepidantes
de las estrellas
y emborracharme de claridad
en los otros caminos
de la existencia.

Mi poema más hondo
no tiene palabras.
Habita en una zona
de agua clara
que dejé correr
porque
no quise mostrarlo
El cauce
era natural, pleno
y llenaba de luz
mis entrañas.
Su murmullo distante
me sosegaba  el alma
pero,
retuve  mi poema
lleno de silencios
que mitiga
mis espacios  iluminados.



LA ARMONÍA

La armonía es un concierto
de miles de ruiseñores
donde impera la belleza
entre hermosos sones.
Es el mármol suavizado
bajo formas perfectas.
Es la melodía selecta
que anida en los corazones.
Es un poema melodioso
donde resplandece  la concordia
o una niña candorosa
que camina entre flores.
La armonía es la versión perfecta
que une el primor
se solaza entre las Musas,
los Hombres y el Señor creador.



PERCEPCIONES

Mi poema hace arabescos
en la zona inmemorial del recuerdo.
Mi poema busca en los arcanos del futuro
y sedoso serpentea
en el área del sentimiento.
Mi verso es un mercenario
que ametralla
los escollos del silencio.
Mi verso camina
y al hacerlo exalta
a los ídolos que fueron.



HIJOS ETÉREOS

Hoy voy en búsqueda de mis versos
con aliento reseco.
Los busco con mis manos ásperas,
los envuelvo
en mi frente trasnochada
como a un dulce recuerdo,
como a una cosa querida
que se metió muy adentro.
El verso, sosiego de sinsabores,
luciérnagas de adentro
me da la mano
como si no fuera
una partícula inmaterial
de mi cuerpo.



CAMINANTES CIEGOS

Me detuve
como el Dante
en el borde
del camino
y contemplé
la vida que corre.
Vi que existen
otros ríos
debajo de los caminos,
otros rostros
detrás de las caras.
Vi como miran la existencia
los caminantes ciegos
y sonámbulos
que transitan hacia la muerte
evadiendo
la cárcel del pensamiento.



ALAS PARA SOÑAR

EI hombre,
que siempre tuvo sueños de pájaros
se quiso poner alas
para imitarlos.
No sólo fueron cosas de Ícaro
ni de locos milenarios
que soñaban
que entre rubores y blanduras
se elevaban mágicos.
Hoy, el Hombre,
vuela como las aves
y en la medida en que se eleva en el espacio
va perdiendo su sueño de pájaro
que lo acercaba a las estrellas
y le develaba
los más sutiles arcanos.


Y otra pasajera esperaba en la misma provincia para viajar con nosotros: AMANDA TOMALINO. Vive en SAN MARCOS SIERRAS (Prov. de CÓRDOBA) Y se define “Soy esta mirada nacida en el monte que habito. Soy un navegante en la aventura de la creación estética. Una mujer que aprende a recordar y relata su historia. Que enfoca el pasado para verlo más de cerca. Soy una mujer que desea y seduce con lo que nombra, con el silencio que rodea la palabra. Y donde se gesta el poema busco al lector que me complete”. Obra publicada - género: poesía: De sortilegios y pasiones- 1998 - Calendario de flecha – 2001 - Los ojos del lobo – 2005 - Equinoccial – 2007 - El cuerpo infinito – 2010 - El cuaderno de mi madre – 2011 - Thesión, la isla del laberinto – 2012 -  Un lugar en el espejo – edic bilingüe – 2014 - Toda la noche afuera – 2015 - El vértigo no importa – edic. bilingüe- 2016. Hoy nos trae sus poemas plenos de luz.

ARENA Y VIENTO

Acaso soy todos los nombres.
Esta mujer pronunciada en la garganta,
resonando profundo,
curvada como un arco.
Mujer prestada a la tierra
tallo frágil y encendido
alegría doliendo de tanta primavera.
Mujer, 
todos mis nombres
silencio que aguarda detrás de la lluvia.
Mujer de errores cóncavos,
audaz como el abismo,
extensa y firme como un grito, 
soy esa voz, 
soy este mismo canto.



A veces en la madrugada
se queja tu boca.
Nombras el musgo, la abeja,
las cuevas, los volcanes
y otras palabras nuevas ….
dolor, temor, tristeza.
En la madrugada
se pierde tu alma
como quien da un traspié en la penumbra.
Y con las últimas plegarias del verano
otra vez nombras las cosas
y lo que nombras,
me reconoce.

 A la locomotora le sobraba energía y estando cerca de un aeropuerto decidió subirse al avión para visitar las tierras del norte y allí recibir a MARÍA TERESA ARRAZOLA. Nació en Bogotá, Colombia. Su obra poética ha sido traducida al inglés y publicada en numerosas antologías. Actualmente vive en St PAUL, MINNESOTA, U.S.A. Estudió arte y psicología en Anoka Ramsey Community College y realzo una maestría de MLS en la Universidad Estatal metropolitana. Pinta en acrílico, acuarela y óleo. Su trabajo ha sido expuesto en Imágenes de los años 2001/03/05/07/08, en Anoka Ramsey Community College Library y Congregational Church Art Gallery. Ganó el primer lugar en la feria estatal de Minnesota el 2007, y el Segundo lugar en Imagen 2008 en Mora MN. Actualmente participa en un grupo de artistas y escritores llamado el Espacio de los Creadores donde tiene varios cuadros en exposición. Acompaña hoy sus poemas, en un vuelo libre y de altura. Pertenecen a su último libro que trae versión bilingüe en inglés y español.

E Mail: northeen03@yahoo.com


ALCATRAZ



Vuelo de alcatraz
embriagado de viento y luna.
Tu amor sin ataduras
vendrá a mí.


ICARO

Te presiento
cóndor liberado
que traspasas barreras
y vuelas hacia el sol.                                                                           
Voluptuoso despliegue
de gigantescas alas.


AGUA PROFUNDA

Claridad y penumbra
Impredecible proyección 
de ángulos obtusos.
Hábil variante
en los desniveles del tiempo.
Centella de luz 
que nos unió por un instante. 


ECLIPSE

Imperceptible movimiento.
Aparente inutilidad
de la espera.
La sombra lunar
eclipsa el día.
Más allá de la oscuridad
se adivina
la corona radiante del sol. 


ALBATROS

Lejanía de alas en la bruma
sobre un oleaje de plata.
Tempestad de centellas
que marcan rutas imposibles.
Las antárticas pupilas del albatros
se encienden en espejismo de aurora boreal. 


SAGITARIO

Me revestiré de alba
me ungiré de noche y de luceros 
para el delirio irreverente del fuego.
Como una saeta me lanzare al infinito 
para arrancarle palabras
al silencio implacable de las estrellas.


LA TUERCA

Soy tan solo una tuerca desprendida
del complicado engranaje  de las cosas en orden
que nunca han dejado de ser
de deslizarse como una enorme rueda silenciosa
que gira sin cesar.
Dame ya mi lugar! Dame la ruta
donde alguien como yo quiera arrancarle
palabras al vacío con la cabeza herida de soledad…


            del libro inédito “Agua Profunda”.


Y el trencito regresó, ahora sí cansadito, a su andén. Aquí los espera con sus poemas y sus cuentos (más una minibiografía). Pueden enviar sus trabajos a: letrasenelanden@gmail.com
Un abrazo

CRIS F.