Editorial

(c) Diseño de portada - Paula Pappalardo



Feliz navidad

Feliz navidad

Número 81

QUERIDOS PASAJEROS:

En este frío mes de julio, cuando rememoramos la gloriosa gesta de la Independencia, regresa el trencito a los caminos de la Patria y del mundo. Creo que el de "independencia" es un concepto que debe hoy ser remarcado, sobre todo para esta nuestra América Latina: que en el diario devenir a veces olvidamos que ser independientes es no dejarse doblegar, es sostener los derechos, es mantener las propias opiniones, es defender las actitudes y los valores que hacen a nuestra esencia, es luchar por la dignidad y la justicia. Y nosotros, escribas, portadores de la pluma y la palabra jugamos un rol importante en este proceso: ponemos en negro sobre blanco nuestra voz y las voces de los que no tienen voz.

Y el tren debe partir ... Suena la campana, humea la locomotora y ya estamos en la huella rumbo a una localidad de LA PAMPA: GUATRACHÉ, para recibir a nuestro primer pasajero: GUILLERMO HERZEL. Ya nos ha acompañado en otro viaje (Nº 70) pero les refresco sus datos. Nació en Guatraché y allí reside. en su pueblo ejerció la docencia desde 1965 hasta su reciente jubilación. Es miembro de la APE (Asociación Pampeana de Escritores), de la que fue presidente en los años 1993 y 1994. Fue uno de los fundadores de la Comisión de Cultura del Instituto Juan Bautista Alberdi que, recuperada la democracia, se convirtió en Comisión Municipal de Cultura de Guatraché. Escribe desde “el secundario”. Es autor de guiones de varios trabajos audiovisuales. El video “Sueño de un pelo”, con textos de los que es autor, ganó un primer premio en el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) Es autor de los textos de “Canto a la Tierra que Habito”, espectáculo musical que fuera presentado en diversas ciudades del país. En 1988, fue presentado “Homenaje a un pueblo que habitó la pampa” musicalizado por el grupo Amarcanto, sobre su poesía. Este trabajo que se sumó al contra festejo de los “500 años”, fue presentado en diversos lugares de La Pampa y la provincia de Buenos Aires, en Neuquén y en “Liberarte”, en el corazón de la calle Corrientes de la Capital Federal. En 1989, la Subsecretaría de Cultura de la provincia de La Pampa, le encargó el proyecto de un espectáculo que representara a la provincia, en el Festival Nacional de Cosquín, concretado junto a los grupos “Confluencia” y “Cultrúm”, al solista Pedro Cabal, al poeta Julio Domínguez y al Ballet del profesor Margallo. En el año 2002 se estrenó en el Aula Magna de la Universidad de La Pampa la cantata “Trigo y Discordia”, cuyos textos le pertenecen, musicalizados por el compositor pampeano Mario Figueroa. Este trabajo, que relata la rebelión de un grupo de estibadores en la localidad de Jacinto Arauz, en el año 1921, fue luego presentado en el lugar de los hechos y en el Teatro Español de la ciudad de Santa Rosa. Su poesía  ha sido publicada en diversos medios de distintos puntos del país y ha obtenido premios provinciales y nacionales. Su poesía “Maestros” fue contratapa de la revista de Amnistía Internacional. El Fondo Editorial Pampeano (FEP) ha editado sus libros “Nosotros” (Poesía - 1994) y “En el nombre de los padres” (Poesía - 1999). Tiene además, inéditos,  varios libros de cuentos “Historias en Bicicleta”, “La increíble Historia del Flaco Chávez”, “Maestros”. Otros poemarios: "Por el Camino de los Cóndores", “Cantares de la tribu” (presentado en agosto 2009) “Crónica de un viaje largo”, “Pasajeros del Silencio”, “Verano con Voces” y dos nuevas cantatas, un homenaje a los “Maestros” (presentada en octubre 2009) del primer cuarto de siglo en La Pampa y otra “Coral de la Memoria” (presentada en abril 2008) para los primeros 100 años de la fundación de su pueblo, Guatraché. Sus textos integran, junto a otros escritores pampeanos, la obra sinfónico coral “200 años: Una mirada pampeana al Bicentenario” que fue estrenada en mayo 2010 Santa Rosa. Aquí traigo un bello poema inspirado en un texto de otro grande de las letras pampeanas. Sencillamente me hizo estremecer. Que lo disfruten ...


“Yo era como el viento ponchohilacheño
y a veces me rojeaba el desgarrón...”
“Niña del Curacó” (Juan Carlos Bustriazo Ortíz)


      PEQUEÑA TROVA PARA
DESAUTORIZAR A LA TRISTEZA


Así fue aquella noche, para todos:
oscuridad después de una puerta
que sólo devolvía tristezas a la calle.

Pero en la sinuosa intimidad de la poesía
pudo escucharse su voz.

Claramente:

Quiero leer un viejo texto, dijo,

sin dirigirse a nadie,
que fue como si hablara con todos.

Invocó, sin decirlo,
a las guitarras que tanto cortejaran su poesía:

¿Quién me acompaña?

Yo,
dijo una voz, cercana en su memoria.

Era la voz de la barda.
Era la voz de la quinta, en los médanos de Toay.
Era la voz de la antigua paz territorial,
terraza de jefatura, oficina de radio, niebla puelche.

Esa voz, sahumerio de las peñas,
guitarra-Mareque-brasita de fogón
calentaba la noche y el bullicio de “El Camaruco”.

Su diapasón de estrellas iluminó la lectura
con su asombro transparente de música.

“Costeña de ojos puelches, mantita fina,
un aire de flamencos
llega con vos...”

Todos cantamos en las orillas
redimidas del Curacó
que bramaba esa noche, de abundancia,
como festejando a sus lagunas
que volvían a nutrirse del río,
fiera azul, escapando de su jaula.

“Te veo en las canteras urrelauqueñas
por la huella alazana
de la oración...”

Río arriba,  Rosa, encalladura de la lluvia,
barda tardía, abrazo de sal.

“Entonces me prendías ondas chicharras

en una casa blanca

del Curacó,...”


A pesar de la hora, era multitud
aquel “Temple del Diablo”, bebiendo
del diapasón de estrellas, la libertad del agua.

De un secreto conjuro nació la mañana
sólo por desterrar puertas cerradas y oscuridades.

“y en las tardes del agua era en mis manos
un pájaro chiquito
tu corazón...”

Hubo otra voz,
la del imaginero,
padre de la música.
Apenas un rumor en Curu Hue, esa mañana.

El Beto, mejoraba una armonía.

Ya era mediodía,
la otra orilla de la noche triste.

Julio puntual

y una mesa engalanada de amores

esperaban...

“¿Donde arderá tu zampa,
taza de arrope?
Torcacita torcaza,
ramo de adiós...


Apuramos el último amargo y el trencito reemprendió viaje y, como para paliar el frío que hacía por el sur pampa se dirigió hacia el Jardín de la República: TUCUMÁN. Allí nos esperaba RUBÉN AMAYA, quien ya nos acompañó en otras travesías. Les recuerdo sus datitos: Escritor tucumano. Vivió la mayor parte de su vida en Buenos Aires. Desde el año 90 radicado en su provincia. Obras publicadas: Simple como el pan (poemas); Para no decir adiós (poemas); Las palomas pueden ver más de cerca el corazón del hombre (cuentos y poemas); El viejo compromiso y la mejor tristeza (poemas); El arte por la vida (ensayo); La calesita no se rinde (cuentos y poemas); Sur... el olvido ¿y después? (poemas); Crónicas del regreso (poemas); Viaje en cuento (cuentos); ¿A cuánto se cotiza la cultura? (ensayo). Dos obras de teatro puestas en escena en Buenos Aires: Detrás de la ventana y Señores pasajeros. Alrededor de cincuenta canciones con músicos de distintos lugares del país. Diversos premios municipales, nacionales e internacionales. Copresidente del Movimiento de La Nueva Canción, en su segunda etapa. Presidente de SADE Tucumán en tres períodos no consecutivos. Hoy nos deja un cuento que, de alguna manera, recorre la historia reciente de nuestro país.


CRISTINA
I

Con contradicciones y desplantes, Cristina siempre fue una mujer entera. Al conocernos, podría jurar que no éramos las personas indicadas para ser amigos. Ella consideraba mis posturas, como dogmáticas. Yo le señalaba cierta dualidad, que indicaba, según mi punto de vista, falta de definición. Una amiga común me acercó poemas escritos por ella. Con la honestidad y la soberbia de los veinte años, critiqué su falta de compromiso. Al poco tiempo me invitaron a una reunión informal, en casa de amigos. Marta, la dueña de casa, me recibió acompañada de una desconocida. Pelo negro, estatura mediana, delgada, elegante, ojos negros, de mirada franca. No eran un rostro y una figura que pasaran desapercibidos. No era algo físico. Emanaba de su interior y se transmitía en cada movimiento. Marta la tomó de un brazo, y con una pícara mirada, me dijo: - Te presento a Cristina. Ya le comentaron tu opinión sobre sus poemas. Advertido de su temperamento, me preparé para un enfrentamiento, ejercicio que debo confesar, me encantaba. Le extendí mi mano. Mirándome fijo a los ojos, me dijo: - Vos y yo tenemos mucho de qué hablar. Nuestra amistad se modeló al calor de la época. Eran mediados de los sesenta. Estábamos seguros que todo estaba al alcance de nuestras manos. Transformar el mundo como objetivo de partida. En la medida en que profundizábamos nuestra relación, sumábamos coincidencias, afinidades. No eran sencillas ni obvias. Nos descubríamos en las cuestiones de fondo, pero disentíamos en las formas. Cristina militaba en la Juventud Peronista. Reunía tan amplio espectro de amigos, que no permitía códigos ni círculos. Iban y venían. Ella era el puerto, la calma de la sala de espera y el abrazo del andén. A veces también partía. Se internaba en sus pasiones abandonando todo equipaje en el camino. Cuando traía sus restos de regreso, me buscaba. Era una profesión reconstruirnos. Nuestra discusiones eran apasionadas, pero sin rencores. Amanecíamos discutiendo a Perón, a Marx, a Jesús. Escuchando a Pugliese, Mercedes, Los Beatles, Beethoven. Leyendo a Pablo, a la tristeza de Vallejo o a la fuerza de Tejada Gómez. En algún momento de nuestra relación, creímos enamorarnos uno del otro. Pero no al mismo tiempo. Cuando me sucedió a mí, ella había partido a alguna de sus azarosas aventuras. Cuando creyó sentirlo ella, yo estaba inmerso en mi vocación de redimir al mundo. La primera vez que no tuve respuestas para un adiós de mujer, la busqué en su pecho, Ella me trató con antigua sabiduría de mujer. Me rodeó de ternura. Me enseñó la importancia de llorar. Con delicadeza me quitó cada espina de rencor que me pudiera haber quedado, como quien me depila el alma. Me ayudó a saber que todo final duele, pero menos si uno se va entero. Cuando mi angustia tomó un cauce más sereno (ya en la madrugada) me llevó a la cama. No fui su amante. Fui un niño que buscaba volver a un vientre de mujer para estar protegido. Luego, como una buena madre, me sacó de su lado y me devolvió al mundo.

II

- Cristina. el sábado hay un casamiento en la Villa de Retiro ¿Querés venir? - Por lo menos decime quien se casa - Una pareja de bolivianos. Son de la Federación de Villa de Emergencia. Entramos por la Avenida Maipú, al fondo de Retiro. Mientras avanzamos por los pasillos de la villa, sentimos la tensión del momento que estamos viviendo. No se trata de saber si caerá el gobierno de Illia, sino cuando. Onganía no promete diálogo con los villeros, ni con nadie que disienta. La reiterada amenaza de las topadoras se siente muy próxima. La fiesta del casamiento está en su apogeo. Parece una fiesta latinoamericana. Paraguayo, peruanos, chilenos, uruguayos, brasileños. Por supuesto, bolivianos y naturalmente provincianos, en su mayoría del norte argentino. En un patio común, en medio de las casitas, están ubicadas las mesas, hechas con largos tablones sostenidos por caballetes. Los vecinos llegan con sus sillas, también con tablones que sostenidos por pilas de ladrillos se convierten en bancos ubicados alrededor del patio. La comida es el resultado de la colaboración solidaria. De ahí, la mezcla de tamales, empanadas, chipá, asado. En una de las cabeceras de la mesa central, los novios reciben los saludos, acompañados por el Padre Mujica. Debe haber muy pocos que conozcan el nombre de ella. Para todos es Lunita. Una belleza coya. Cabello largo, más negro que la noche. Baja de estatura, pero con una mezcla de gracia y altivez, sugiere mayor altura. Pómulos ligeramente salientes, que alteran la redondez de su cara. Ojos negros. Su piel es morena, pero no moreno tierra, que parecería ser la marca de la degradación de la raza, sino un color fresco, que en determinados momentos refleja destellos dorados. Cuerpo armonioso. Parecería que Lunita sólo tiene como expresión, la sonrisa. Pero en situaciones graves, su gesto es firme y decidido. Gabriel es un boliviano típico. A primera vista no hay nada en él que lo destaque. Sin embargo no tiene la actitud de humildad, rayana en la sumisión, que unifica a la gente del altiplano, trasladada a las grandes ciudades. Durante toda la noche llega toda la gama de artistas populares, aficionados y profesionales. Algunos de la villa. Dirigentes políticos, sociales, religiosos. Los motivos son diferentes. En los artistas, la actitud es transparente, la solidaridad con uno de los sectores más olvidados y combativos. En los dirigentes, los objetivos no son tan claros. En otros ámbitos, la presentación de un libro, el estreno de una obra de teatro, o de una película, son citas ineludibles para mostrarse. En algunos círculos políticos, cualquier acontecimiento en la villa, tiene el mismo simbolismo. Cristina se encuentra con conocidos y la pierdo de vista. Cerca de madrugada, la busco para irnos. La encuentro en una de las casillas acondicionada para que duerman los chicos de los invitados. Son una legión, pero están perfectamente acomodados y abrigados. La acompaña Lunita. Por lo que escucho y luego me cuenta, hablaban de los problemas de la educación en la villa. Lunita es una de las que dirige el tema. Mientras nos retiramos, Cristina permanece en silencio. Tomaos el 6, nos bajamos en Congreso. Entramos al bar Suárez a tomar el café con leche de la madrugada. Ella mantiene su silencio largo rato. De pronto me sorprende al correr el telón de una parte de su vida anterior, No suele hablar de su pasado. - Cuando tenía cuatro años, me mandaron a un internado. Habla como para sí misma. Yo no digo nada. Entiendo que tiene necesidad de hablar. - Estuve hasta los diecisiete. Entonces me escapé. Aprendí a pelear la vida, porque me crié en un infierno. Como si abriera una compuerta, se inundó de recuerdos. Casi todos muy duros. . Desde que me fui, nunca volví a ver a nadie de ese lugar. Esto que vi esta noche, lo que me contaron acerca de los chicos, me emociona. No hay dudas que lo hacen con amor. Pero no me gustan los planes colectivos para chicos colectivos. Quiero ser yo. Que cada uno, sea uno. Por eso nunca podré integrarme a un partido que lo tenga todo planificado. No voy a aceptar la invitación de Lunita, a participar en su trabajo. Trataré de ayudar en lo que pueda, pero no quiero ser parte.

III

Un par de semanas sin vernos. El tiempo resultaba corto para todo lo que pasaba. El gobierno radical, finalmente había caído sin ningún reflejo de defensa. Onganía hizo sentir la dureza de los militares, también cayó. Levingston fue fugaz e intrascendente. Finalmente teníamos que enfrentarnos a Lanusse. Er una vorágine que no respetaba tiempos interiores. A la salida de la oficina decidí visitarla. El colectivo me dejó a una cuadra de su departamento. Al llegar a la esquina, creí notar movimientos raros (aprendimos a vivir en alerta). Busqué un teléfono y la llamé. Me contestó una voz extraña, esto no era raro; su casa era un permanente refugio de solitarios y desamparados. La voz me dijo que Cristina no me podía atender, pero me esperaba. La alarma continuaba, llamé a algunos amigos, no sabían nada. Por fin, Marta me citó en un bar de Rivadavia y Medrano. En pocas palabras, me puso al tanto. Cristina estaba detenida. La policía había allanado su casa y permanecía en ella, con la intención de detener a todo el que fuera a buscarla. El amigo de un amigo, de paso por Buenos Aires, le pidió alojamiento por unos días. Nunca le dijo que pertenecía a una organización armada. Estábamos en los comienzos de los años 60. No habíamos llegado a la cresta de la ola de terror y de masacre. No fue fácil, pero tampoco una epopeya, sacarla. Lugo, nos peleamos. Yo le reproché su inconsciencia. Desde el apogeo de mi verdad histórica, no le perdonaba habernos puesto en peligro por un “equivocado”. No lo discutió, Simplemente me echó de su casa. Pasaba el tiempo y nos manteníamos alejados. Ninguno de los dos, atinaba a dar el primer paso. A nuestros gigantescos ideales, no les cabía una soberbia menor. Periódicamente me llegaban noticias de ella, que simulaba no escuchar. Si no las tenía, buscaba sin hacer preguntas directas. La situación se ponía cada vez más dura. Persecuciones, terror; crisis íntimas y colectivas, desapariciones; rupturas, desencuentros, traiciones, heroísmos. Nos llevó tiempo y vidas, entender que el juego había cambiado. Nunca había sido un juego, Los represores, lo tenían más claro. Tuvimos que aprender una forma distinta de militancia. Incluso una forma distinta de vivir y de relacionarnos. Cuidarnos, no sólo por nosotros, sino especialmente no comprometer a quienes nos rodeaban. Cuidarnos de quienes nos rodeaban. Aprender a conocer nuestros límites, sin teorías ni romanticismos. Finalmente me veo obligado a sumarme a la numerosa caravana de exiliados.

IV

1982. Regreso y mi encuentro fortuito y casi de inmediato con Marta. Del universo que conocíamos no quedan sino señales. Como en toda catástrofe, la dispersión fue general y en todas direcciones. Muchos de los que pudieron irse, no quieren volver. Algunos se quedaron, para hacer lo que pudieran, otros para olvidarse. Están los que se quebraron, la peor forma de morir. Marta me cuenta, que con Cristina me buscaron mucho tiempo, luego, ellas también se perdieron de vista. 1983. Estoy en la Feria del Libro, con un grupo de escritores tucumanos. Estamos en el bar y aparece Cristina. Nos sentamos en un rincón, apartados de los demás. Pone una mano en la mesa y me la ofrece. Al estrecharla, es nuestra historia la que apretamos. Sentimos la presencia del tiempo que se nos fue. Del tiempo que nos mataron. - ¿Cómo estás? - ¿Y vos? A la madrugada estamos en un bar del Once. Tenemos una vida para contarnos. Al poco tiempo de desconectarnos, conoció a un hombre algo mayor que ella. Por su trabajo y militancia. recorría el país. Una mañana, Cristina desayunaba, cuando escuchó su nombre en la radio. Muerto en un atentado. No se detiene a contarme su dolor, nos conocemos. Sí, que al renunciar Cámpora, tiene que salir del país. Ya de mañana, la acompaño a la estación, está viviendo por Ramos Mejía. Cuando se decide a subir al tren, nos damos un abrazo interminable. Unos días después, me invita a su casa. Vive en pareja. Durante el viaje, me cuenta, Conoció a Daniel en Europa. Apenas llegada, Cristina se incorporó a una Comisión de ayuda a los presos, políticos. Allí lo conoció. Él había logrado la opción de salir del país, después de cinco años en la cárcel de Rawson. El mismo Daniel, me pone al tanto de su historia. Desde el comienzo de su tragedia, su objetivo fue recuperar a su compañera. Los habían secuestrado juntos. Estuvieron un corto tiempo en el mismo lugar, luego comenzó el peregrinaje de Daniel por centros de detención. Casi un año después, llega a la cárcel. Le llegan rumores, la vieron, pero no precisan cuándo ni dónde. Desde su libertad y a la distancia, intenta averiguar lo imposible. Me confía con voz serena, que más de una vez se preguntó si había existido realmente. Al volver al país, acude a todos los medios, partidos políticos, familiares, liberados. También se ve en la necesidad de atender a su propia supervivencia. Reacomodarse en un país distinto, él, un hombre extraño. Sin un pedazo fundamental de su pasado, sin claridad en el futuro. Su reencuentro con Cristina.

V

Cristina trabaja en una empresa metalúrgica, colabora en una revista, escribe una novela. Daniel no anda bien, estuvo mucho más comprometido. Algunos mecanismos represivos siguen funcionando, los del Estado y los internos, agazapados en las cobardías personales. No puede regularizar su situación, no consigue trabajo efectivo. Es un desocupado con conciencia y con memoria. La lucidez pareciera ser una carga pesada para estar en medio del río. Es un tiempo distinto. No hacemos ni la mitad de las cosas que acostumbrábamos. Los pedazos que nos faltan, no nos dejan recuperar el ritmo. Es como si nos faltara tiempo. También eso nos robaron, nuestro tiempo. Lo conversamos con Cristina, debemos recuperarlo. Tenemos que sumarnos y sumar en la recuperación de la utopía. Construimos el hábito de frecuentarnos. Su casa o la nuestra, son refugios para los cuatro, Cristina y Daniel; Leonor y yo. No es un rincón de la nostalgia. Es la posibilidad de compartir esperanzas, desacuerdos, problemas cotidianos, dudas. Cuando necesitamos, volvemos al pasado, lo analizamos, lo discutimos, no le permitimos que nos detenga. Más de un mes sin vernos. MI compañera está de viaje. En su ausencia, aprovecho para desarrollar proyectos que tenía demorados y que absorben todo mi tiempo. Cristina me llama a la oficina, necesita verme con urgencia. Le propongo vernos esa noche en su casa. Me dice que no, que me espera a la salida del trabajo, en un bar cercano. Salgo un rato antes, llego al bar demasiado temprano. Sin embargo, Cristina ya está esperando, no me ve entrar. La observo mientras me acerco. Es más que una angustia lo que trasciende de ella. Le doy un beso, me siento y puedo percibir su esfuerzo para regresar del dolor. Me pone al tanto sin introducción - Vos sabés que Daniel y yo, siempre que podemos, vamos a la ronda de las Madres, en la plaza. Dos jueves seguidos no fuimos. El primero, porque estuve muy resfriada, el segundo, porque él anduvo mal en las ventas y trabajó hasta muy tarde. Hace unos días tuvimos la visita de dos Madres. No es raro que vengan. Charlamos de mil cosas hasta que llegó Daniel Normalmente Cristina tiene un sonoro timbre de voz. por alegría, enojo o entusiasmo, suele levantar su volumen, sin llegar al grito. Ahora, en la medida en que avanza en su relato, su voz se diluye en un murmullo incoloro. Me cuesta escucharla, pero no quiero interrumpirla. - Yo presentía que la visita no era casual. Él las acompañó hasta tomar el colectivo. Al volver, me comentó que nos recomendaban no faltar el próximo jueves. Se quedó largo rato en silencio, reuniendo fuerzas para continuar. - Fuimos. Generalmente comenzamos solos, luego nos vamos reuniendo con los conocidos. Una Madre se nos acercó de inmediato. Nos separamos, yo caminaba adelante. Me di vuelta para buscarlos con la mirada y descubrí que se había detenido. Lo vi muy alterado, quise acercarme y una compañera me tomó del brazo y me dijo que esperara, ya me iba a enterar de que se trataba. Nuevamente se quedó en silencio. Tanto, que supuse que ya no continuaría. Quiso encender un cigarrillo y la mano le temblaba. Prendí uno y se lo di. - Antes de terminar la ronda, Daniel me pidió que nos fuéramos. Durante el viaje a casa no hablamos. Al llegar, preparé café y me dispuse a esperar. Finalmente me lo dijo. Era ella. Su compañera desaparecida. No preguntés, no sabría explicarlo. Ella lo estuvo buscando, lo seguía haciendo. Alguien le dijo que creía haberlo visto en la ronda de los jueves. Estuvo precisamente las dos veces que no fuimos. Entonces habló con las Madres. Sus ojos contenían una constelación de lágrimas. - Él la amaba. Se supone que a mí también me ama. ¿Cuál de las dos es la definitiva? Tengo que dejarlo ir, para que lo averigüe. Cristina, querida amiga, te habían asesinado una vez más. Espero que no sea el definitivo.

Degustamos unos dulcecitos y la locomotora prosiguió el viaje, cerquita nomás, pues íbamos a encontrarnos con nuestro amigo CARLOS FIGUEROA en SANTIAGO DEL ESTERO. Es un viajero frecuente de este trencito y aquí va un resumen de sus datos: Vive  en Santiago del Estero,  donde reside luego de regresar de un largo viaje por Europa en 1968. Es Contador Público Nacional. Desde el 68' se incorpora a un movimiento de escritores jóvenes reunidos alrededor de la Sociedad Argentina de Escritores, Filial Santiago del Estero, de la cual es miembro desde hace mas de 36 años. Ha  recibido numerosos reconocimientos de   distintas entidades públicas y privadas de su provincia y de provincias vecinas. Publica en diarios y revistas locales y nacionales, y participa de numerosos encuentros de poetas. Libros publicados: "Los juguetes del sueño", "Diálogo secreto", "Señales de dos mundos", "Soles de la memoria", "Días sin regreso", "La palabra encendida" y "Los rostros del tiempo".  Integra la Antología “ Poesía Argentina  Contemporánea”, Tomo I, Sección XVII. De su último libro les dejo sus poemas, reflexiones por momentos nostálgicas y plenas siempre de emoción.


AHORA

No quemes tu piel me decías
con ese tono maternal que no se olvida.
Ahora que no estas, en vana rebeldía
salgo a la impiedad del sol
para volverme sombra.
Lástima que tu voz se aleja cada día.
ese débil murmullo es lo único que me ata todavía
a la realidad de tu ausencia.


CREO

en el milagro que sostiene
este frágil equilibrio.
Antes que vuele un suspiro
todo podría estar perdido.
No creo en la teoría casual
donde nadie maneje el orden cósmico.
Más allá de las teorías y los dioses
que siguen saciando la fe de los hombres,
pienso que hay alguien sin nombre
que nos regala el milagro
de seguir soñando sobre el orbe.


NOCHE DE LLUVIA

Llueve en la noche memoriosa de Santiago.
Ecos de bombos retumban detrás de las sombras,
mientras el aguacero bate un son de hastío
en la ardiente plenitud del verano;
y nos impulsa a volver a la orilla de los mares.
Quizás allí, lúcidos poemas de Montale
puedan atenuar la inquietud y el desamparo.
Sigue lloviendo aquí …
Aunque no en Liguria   y oscurece tanto.
Con su latir viene a  mi, sin saber porqué
la imagen de un barco
que toca las costas queridas del pasado.
Esta noche, la lluvia es un ángel
con su manto de piedad sobre las calles,
donde guarda la memoria de un grande
que pasó tañendo, su lira inolvidable.


CRÓNICA DE UNA VIDA INEFABLE

Como el paciente hornero
modela su mundo de barro,
así el hombre construye su imagen
que un día será sombra no más.
El paso de las horas
quebranta su efímera figura,
mientras el amor pone escudos de niebla
ante la dura realidad.
De pronto, un padre se va …
mientras vuelan grises palomas
hacia el río que semeja la eternidad.
Luego el tiempo, ese tenaz invento de los dioses
con su oscuro silencio nos revela
que la distancia deviene en olvido
de aquellos, que sin querer dejamos atrás.


DESTELLLOS

Estos son los momentos que repiten mi vida:
Un amanecer en primavera
cuando el chivato suelta sus gallitos
en la fiesta florida de otro día que se va.
Un mediodía de verano en Santiago
donde reina el impiadoso sol
que me obliga a buscar la sombra
de la morera cordial.
Un atardecer de otoño frente al mar
donde las horas cansadas, como sombras
se pierden entre las olas que vienen y van.
Una noche de invierno en el campo,
frío que deviene azul lo que toca
cuando llama insistente a la presta soledad.
Pienso que nuestras vidas
son sólo destellos que cruzan los infinitos días
esos que pasan sin pasar.


MESA DE COSTURAS

Allí está callada y sencilla, en la inútil espera,
de las manos que fueran
su fiel compañía.
Sin embargo nos habla su muda presencia
porque no recibió el lenguaje,
ese don que Dios legó a los hombre
para salvarlos del silencio de la materia.
Anoche soñé con su figura
y junto a ella, a mi madre en su tarea;
cada cual desandando un destino
de sangre y de madera.
Esa humilde cosa me trajo un pensamiento vivo:
la mesa, como una antorcha
vino a iluminar los refugios del olvido.


El trencito quería seguir haciendo camino y decidió darse una vueltita por la Reina del Plata para recibir a FERNANDO SORRENTINO, quien ya ha viajado con nosotros. Les recuerdo su impresionante curriculum que muestra su prolífica tarea. Nació en BUENOS AIRES, ciudad donde reside. Es profesor de Lengua y Literatura. OBRA PUBLICADA: CUENTOS: La regresión zoológica (Bs.As. Ed. Dos); Imperios y servidumbres (Barcelona, Ed. Seix Barral); El mejor de los mundos posibles (Bs.As. Ed. Plus Ultra - 2º Premio Municipal de Literatura); En defensa propia (Bs. As. Ed. de Belgrano); El remedio para el rey ciego (Bs. As. Ed. Plus Ultra) El rigor de las desdichas (Bs.As. Ed. del Dock- 2º Premio Municipal de Literatura); La Corrección de los Corderos, y otros cuentos improbables (Bs. As. Ed. Abismo); Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza (Barcelona, Ed. Carena); El regreso. Y otros cuentos inquietantes (Bs. As. Ed. Estrada); En defensa propia / El rigor de las desdichas (Bs. As. Ed. Los Cuadernos de Odiseo); Costumbres del alcaucil (Bs. As. Ed. Sudamericana); El crimen de San Alberto (Bs.As. Ed. Losada); El centro de la telaraña, y otros cuentos de crimen y misterio (Bs. As. Ed. Longseller).-NOVELA: Sanitarios Centenarios (Bs. As. Ed. Plus Ultra) (con dos reediciones: Bs. As. Ed. Sudamericana y Barcelona, Ed. Carena).- LITERATURA PARA NIÑOS Y/O ADOLESCENTES: Cuentos del Mentiroso (Bs. As. Ed. Plus Ultra-Faja de Honor de la S.A.D.E. Sociedad Argentina de Escritores) (reed. Bs. As. Grupo Ed. Norma); El Mentiroso entre guapos y compadritos (Bs. As. Ed. Plus Ultra); La recompensa del príncipe (Bs. As. Ed. Stella); Historias de María Sapa y Fortunato (Bs. As. Ed. Sudamericana - Premio Fantasía Infantil 1996) (reed. Ed. Santillana); El Mentiroso contra las Avispas Imperiales (Bs. As. Ed. Plus Ultra); La venganza del muerto (Bs. As. Ed. Alfaguara); El que se enoja, pierde (Bs. As. Ed. El Ateneo) Aventuras del capitán Bancalari (Bs. As. Ed. Alfaguara); Cuentos de don Jorge Sahlame (Bs. As. Ed. Santillana); El Viejo que Todo lo Sabe (Bs. As. Ed. Santillana,); Burladores burlados (Bs. As. Ed. Crecer Creando).- ENTREVISTAS: Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (Bs. As. Ed. Casa Pardo)( con tres reediciones); Siete conversaciones con Adolfo Bioy Casares (Bs. As. Ed. Sudamericana) (con dos reediciones). Sus libros han sido traducidos al inglés, portugués, alemán, rumano, húngaro, italiano y chino. Acompaña hoy un cuento muy interesante que, no lo dudo, van a disfrutar. Y comento que  he respetado las “aclaraciones” hechas al margen.
E Mails: fersorrentino@yahoo.com.ar — fs_literatura@yahoo.com.ar


LA ALBUFERA DE CUBELLI

Hacia el sudeste de la llanura de Buenos Aires se encuentra la albufera de Cubelli, a la que familiarmente se conoce con el nombre de “laguna del Yacaré Bailarín”. Este nombre popular es expresivo y gráfico, pero —tal como lo estableció el doctor Ludwig Boitus— no responde a la realidad.
En primer lugar, “albufera” y “laguna” son accidentes hidrográficos distintos. En segundo, si bien el yacaré —Caiman yacare (Daudin), de la familia Alligatoridae— es propio de América, ocurre que esta albufera no constituye el hábitat de ninguna especie de yacaré.
Sus aguas son salobres en extremo, y su fauna y su flora son las habituales de los seres que se desarrollan en el mar. Por este motivo, no puede considerarse anómalo el hecho de que en esta albufera se encuentre una población de aproximadamente ciento treinta cocodrilos marinos.
El “cocodrilo marino”, o sea el Crocodilus porosus (Schneider), es el más grande de todos los reptiles vivientes. Suele alcanzar una longitud de unos siete metros y pesar más de una tonelada. El doctor Boitus afirma haber visto, en las costas de Malasia, varios ejemplares que superaban los nueve metros, y, en efecto, ha tomado y aportado fotografías que pretenden probar la existencia de individuos de tal magnitud. Pero, al haber sido fotografiados en aguas marinas, y sin puntos externos de referencia relativa, no es posible determinar con precisión si estos cocodrilos tenían, en verdad, el tamaño que les atribuye el doctor Boitus. Sería absurdo, claro está, dudar de la palabra de un investigador tan serio y de tan brillante trayectoria (aunque de lenguaje algo barroco), pero el rigor científico exige validar los datos según métodos inflexibles que, en este caso puntual, no se han puesto en práctica.
Ahora bien, sucede que los cocodrilos de la albufera de Cubelli poseen exactamente todas las características taxonómicas de los que viven en las aguas cercanas a la India, a la China y a Malasia, por lo cual, con toda legitimidad, les cabría ese taxativo nombre de cocodrilos marinos o Crocodili porosi. Sin embargo, existen algunas diferencias, que el doctor Boitus ha dividido en características morfológicas y características etológicas.
Entre las primeras, la más importante (o, mejor dicho, la única) es el tamaño. Así como el cocodrilo marino de Asia alcanza los siete metros de longitud, el que tenemos en la albufera de Cubelli apenas llega, en el mejor de los casos, a dos metros, medida que se verifica desde el comienzo del hocico hasta la punta de la cola.
Con respecto a su etología, este cocodrilo es “aficionado a los movimientos musicalmente concertados”, según Boitus (o, de modo más simple, “bailarín”, como lo llaman las gentes del pueblo de Cubelli). Es harto sabido que los cocodrilos, estando en tierra, son tan inofensivos como una bandada de palomas. Sólo pueden cazar y matar si se hallan en el agua, que es su elemento vital. Para ello, atrapan las presas entre sus mandíbulas dentadas e, imprimiéndose a sí mismos un veloz movimiento de rotación, la hacen girar hasta matarla; sus dientes no tienen función masticatoria sino que están diseñados exclusivamente para aprisionar y tragar, entera, a la víctima.
Si nos trasladamos hasta las orillas de la albufera de Cubelli y ponemos a funcionar un reproductor de música, habiendo elegido previamente una pieza adecuada para el baile, en seguida veremos que —no digamos todos— casi todos los cocodrilos surgen del agua y, una vez en tierra, empiezan a bailar al compás de la melodía en cuestión.
Por tales razones anatómicas y conductuales, este saurio ha recibido el nombre de Crocodilus pusillus saltator (Boitus).
Sus gustos resultan ser amplios y eclécticos, y no parecen distinguir entre músicas estéticamente valiosas y otras de méritos escasos. Reciben con igual alegría y buena predisposición tanto composiciones sinfónicas para ballet como ritmos vulgares.
Los cocodrilos bailan en posición erecta, apoyándose sólo sobre sus patas traseras, de manera que, verticalmente, alcanzan una estatura media de un metro y setenta centímetros. Para no arrastrar la cola por el piso, la elevan en ángulo agudo, poniéndola casi paralela al lomo. Al mismo tiempo, las extremidades delanteras (que bien podríamos llamar manos) siguen el compás con diversos ademanes muy simpáticos, mientras los dientes amarillentos dibujan una enorme sonrisa de optimismo y satisfacción.
A algunas personas del pueblo no las atrae en absoluto la idea de bailar con cocodrilos, pero otras muchas no comparten este rechazo y lo cierto es que, todos los sábados al anochecer, se visten de gala y concurren a las orillas de la albufera. El club social y deportivo de Cubelli ha instalado allí todo lo necesario para que las reuniones resulten inolvidables. Asimismo, las personas pueden cenar en el restaurante que se levanta a pocos metros de la pista de baile.
Los brazos del cocodrilo poseen poca extensión y no llegan a tocar el cuerpo de su compañero. El caballero o la dama que baile, según el caso, con el cocodrilo hembra o con el cocodrilo macho que los haya elegido, apoya cada una de sus manos en uno de los hombros de su pareja. Para realizar esta operación, conviene estirar al máximo los brazos y mantener cierta distancia; como el hocico del cocodrilo es muy pronunciado, la persona deberá tener la precaución de echarse, lo más posible, hacia atrás: si bien en pocas ocasiones se han registrado episodios desagradables (como ablación de nariz, estallido de globos oculares o decapitación), no debe olvidarse que, como en su dentadura se encuentran restos de cadáveres, el aliento de este reptil dista de ser atractivo.
Entre los cubellianos corre la leyenda de que, en la isleta que ocupa el centro de la albufera, residen el rey y la reina de los cocodrilos, quienes, según parece, no la han abandonado nunca. Se dice que ambos ejemplares han superado los dos siglos de vida y, tal vez por causa de la avanzada edad, tal vez por mero capricho, jamás han querido participar en los bailes que organiza el club social y deportivo.
Las reuniones no duran mucho más allá de la medianoche, pues a esa hora los cocodrilos empiezan a cansarse, y quizás a aburrirse; por otra parte, sienten hambre y, como les está vedado el acceso al restaurante, desean volver a las aguas en busca de comida.
Cuando llega el momento en que ningún cocodrilo ha quedado en tierra firme, las damas y los caballeros regresan al pueblo bastante fatigados y un poco tristes, pero con la esperanza de que, quizás en el próximo baile, o tal vez en alguno menos cercano en el tiempo, el rey, o la reina, de los cocodrilos, o acaso ambos simultáneamente, abandonen por unas horas la isleta central y participen de la fiesta: de cumplirse con esta expectativa, cada caballero, aunque se cuide de manifestarlo, abriga la ilusión de que la reina de los cocodrilos lo elija como compañero de baile; lo mismo ocurre con todas las damas, que aspiran a formar pareja con el rey.

Publicado por primera vez en Cuadernos del Minotauro (director: Valentín Pérez Venzalá), año IV, n.º 6, Madrid, 2008, págs. 117-120.
La presente versión registra ligeras modificaciones con respecto a la mencionada.

La locomotora estaba cansada ... y ya era hora de regresar al pago. Y allá fue al tranco parejo hasta su andén pampa. Donde el trencito los espera para recibir sus trabajos (poesía o prosa) y una minibiografía. Les recuerdo que todos los números se encuentran incorporados en el blog para que puedan releer y aportar comentarios. Solicito a los que modificaron sus E Mail que lo hagan saber para evitar "rebotes". Los aguardo en: millaco@ciudad.com.ar
Un abrazo laaaaaaaargo

                    CRIS FERNÁNDEZ